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sábado, 30 de noviembre de 2013

El río estaba equivocado, el salmón tenía razón





"Uno escribe para esclarecer la mente de un individuo, del ciudadano de a pie. Además, es una cuestión de conciencia. Si yo estoy en contra de la globalización de la economía, de la corrupción y de la hipocresía, lo digo y lo escribo. Justamente las causas de las que creo y que son derrotadas son las que me impulsan, porque gracias a que las defiendo puedo dormir tranquilo."
Mario Benedetti



No sé si esta bien empezar un artículo con una pregunta, pero ¿y si están equivocados? Yo no lo sé, pero cada día dudo mas. Podría relajarme, decir “para que preocuparme, total es inevitable. Como el viento, no se puede detener”. Pero no me basta. Los menos tal vez me estén convenciendo (siempre tuve simpatía por las minorías), mostrando la realidad como argumento irrefutable. Contaminación, hambre, desocupación, guerras, racismo, peligro nuclear. Pero otros dicen que hay luz después del túnel (lo difícil será llegar). Puede que no todo sea insensatez. Tal vez el problema no es el qué, sino el cómo. Rápido, sin aceptar críticas, con promesas de un futuro mejor, como si fuera una cuestión de fe.
Casi no miro televisión, me aburre. Pero hace unos días la encendí para huir del silencio, y vi una protesta antisistema. Me dolió hasta a mí ver aquellos abusos sobre los manifestantes, como si fueran delincuentes amenazando la paz mundial. Y repito, no se si estoy en desacuerdo con que sucedan las cosas, pero el modo no me convence. Borges digo que hay que tener cuidado al elegir a los enemigos, porque terminamos pareciéndonos a ellos. Tendrán que reflexionar también estos muchachos. Además dijo que la democracia es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística...
Esto de la globalización aun no me convence, aunque le pongo ganas, veo la balanza desequilibrada. Es un tema complejo, multidisciplinario, pero ¿por qué no elegir que globalizar? Ah claro, el mercado es quien elige, es decir, nosotros. El mercado somos todos, es democracia...
Parece inútil nadar contra la corriente. Si es inevitable, ¿para qué luchar? Las reglas las conocemos, pues juguemos nuestras mejores cartas. La cuestión no está en aceptar los hechos, sino en cuando.
Pero tengo miedo que dentro de unos años mi hijo me diga “papá, el río estaba equivocado, el salmón tenía razón”.

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